Un poema incluye mucho en poco espacio y añade musicalidad, para reforzar su significado. La ciudad es como la poesía: comprende en sí misma toda vida, toda las razas y linajes, dentro de una pequeña isla a la que añade la música y el acompañamiento de sus engranajes subterráneos. La isla de Manhattan es sin ninguna duda la mayor concentración humana de la tierra, el poema cuya magia es comprensible para millones de sus residentes, pero cuyo significado completo es siempre esquivo. Junto a los pies de las más altas y lujosas oficinas se extienden las barriadas más miserables. La refinada liturgia que tiene lugar en la iglesia de Riverside se celebra sólo a unos bloques de los rituales Vodoo de Harlem. Los príncipes mercaderes en sus limousines, camino de Wall Street desde la pomposa orilla Este, pasan a sólo unas yardas de los reyes gitanos; aunque los príncipes no conocen que están pasando con prisa junto a reyes, ni estos tampoco se dan cuenta del paso de los príncipes-viven una vida más relajada y sus borracheras son también más persistentes”
Here is New York by E. B. White, New York, 1949 (traducido por Jorge Latorre, de la tercera edición, The Little Bookroom, New York, 1999, pp. 29-30).