“El más sutil de los cambios que se han producido últimamente en Nueva York es algo sobre lo que la gente no habla demasiado pero que está en la mente de todos. La Ciudad, por vez primera en su larga historia, es destructible. Un vuelo de aeroplanos no más llamativo que el de una bandada de patos puede rápidamente acabar con esta isla de fantasía, incendiar las torres, retorcer los puentes, convertir los pasajes subterráneos en cámaras letales, reducir a cenizas a millones. La sensación de fragilidad es parte del Nueva York actual: en el sonido de los aviones sobre nuestras cabezas, en los titulares en negrita de la última edición. (…) En la mente de cualquier soñador pervertido podría saltar la chispa, y Nueva York aparecería con un irresistible, obsesivo encanto. Solía ser la Estatua de la Libertad el símbolo que representaba a Nueva York y lo hacía famoso en todo el mundo. Hoy la Libertad comparte este papel con la Muerte”.
Here is New York por E. B. White, New York, 1949 (traducido por Jorge Latorre, de la tercera edición, The Little Bookroom, New York, 1999, p. 54).